
En un partido picante Rosario Central venció 2-1 a Racing y se clasificó a la semifinal
Liga Profesional13/05/2026
Julián MorisCon goles de Gastón Ávila y Enzo Copetti, el equipo de Jorge Almirón se quedó con una serie cargada de tensión, polémicas y dramatismo. Racing había pegado primero con Matías Zaracho, pero terminó derrumbándose entre las rojas y el empuje de un Gigante de Arroyito encendido.

El Gigante de Arroyito explotó en una de esas noches que quedan grabadas en la memoria canalla. Rosario Central sufrió, empujó, insistió y terminó encontrando en el alargue una clasificación heroica: derrotó 2-1 a Racing por los cuartos de final de la Liga Profesional y avanzó a semifinales en un duelo cargado de intensidad, emociones y expulsiones.
El equipo de Jorge Almirón construyó la victoria desde la paciencia y el dominio territorial. Tuvo más la pelota, remató más veces al arco y nunca dejó de creer, incluso cuando Racing golpeó primero y parecía encaminar la clasificación. Del otro lado, la Academia se fue desmoronando lentamente: primero futbolísticamente y luego emocionalmente, hasta terminar con nueve jugadores y sin respuestas frente al vendaval auriazul.
El comienzo mostró a un Central decidido a asumir el protagonismo. Con Vicente Pizarro manejando los tiempos en el medio y Ángel Di María flotando detrás de los delanteros, el local monopolizó la posesión durante gran parte del primer tiempo. Sin embargo, la más clara fue para Racing, que encontró espacios para lastimar de contraataque.
Y cuando el partido parecía irse al descanso sin goles, apareció Matías Zaracho. A los 40 minutos del primer tiempo, el mediocampista encontró un hueco en la defensa canalla y definió para el 1-0 que silenció momentáneamente Arroyito. Racing se iba al entretiempo con ventaja y con la sensación de haber golpeado en el momento justo.
Pero Central nunca perdió la compostura. En el complemento, el Canalla salió decidido a cambiar la historia. El equipo adelantó líneas, empujó contra el arco de Facundo Cambeses y encontró rápidamente señales de reacción. A los 12 minutos, Alejo Véliz llegó a convertir de taco tras una gran jugada colectiva, aunque el VAR anuló la acción por posición adelantada.
Lejos de caerse, Central siguió insistiendo. Racing empezó a replegarse demasiado y el clima comenzó a jugarle en contra. A los 29 minutos llegó un quiebre decisivo: Adrián “Maravilla” Martínez vio la tarjeta roja y dejó a la Academia con diez hombres.
El partido cambió definitivamente. Cinco minutos después, Gastón Ávila apareció en el área y estampó el 1-1 que hizo estallar el Gigante. El defensor encontró la pelota suelta y definió para devolverle la ilusión al conjunto rosarino.
Con el empate consumado, el encuentro se fue al alargue. Allí Racing ya jugaba más con el corazón que con fútbol. Encerrado, desgastado y cada vez más nervioso, el equipo de Gustavo Costas sufrió otro golpe cuando Marco Di Césare fue expulsado a los cinco minutos del primer tiempo suplementario.
Con dos jugadores más y todo el estadio empujando, Central olió sangre. Y apenas comenzado el segundo tiempo extra llegó el golpe final. Enzo Copetti, símbolo de la entrega y la fricción durante toda la noche, apareció en el área para marcar el 2-1 definitivo. El delantero no gritó solo un gol: gritó una clasificación entera.
A partir de ahí, el equipo de Almirón manejó los tiempos con inteligencia. Racing, agotado y desordenado, apenas pudo resistir mientras Central hacía circular la pelota ante el “ole” interminable de las tribunas. Di María ya estaba afuera, Marco Ruben miraba desde el banco y Arroyito era una fiesta absoluta.
Las estadísticas terminaron reflejando la superioridad canalla: 59% de posesión, 16 remates al arco y un dominio sostenido durante gran parte de la noche. Racing, en cambio, cerró el partido con 24 faltas, seis amarillas y dos expulsiones, símbolo de una resistencia que terminó quebrándose.
Rosario Central ganó una batalla durísima y se metió entre los cuatro mejores del campeonato. Lo hizo con carácter, con fútbol y con el empuje de una cancha que jugó su propio partido. En Arroyito hubo sufrimiento, tensión y épica. Y cuando Darío Herrera marcó el final, el Gigante volvió a rugir como en sus mejores noches.


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